domingo, 14 de diciembre de 2014

Roma: de los orígenes a la República


Roma logró unificar el mundo antiguo en un gran imperio en el que se integraban tan­to los pueblos de la antigüedad que habían desarrollado una civilización brillante -Grecia, Egipto o Macedonia- como otros muchos pueblos que no habían alcanzado una cultura importante y que pronto asumieron la nueva cultura de los romanos como la Galia, Hispania o Bri­tania, entre otros. 

Los romanos consiguieron la unidad política y cultural del mundo antiguo asumiendo gran parte de los valores de las civilizaciones anteriores y aportando sus valores propios, de forma que en los primeros siglos de nuestra era ya se habían sentado las bases del mundo occidental. 

Dos fueron sus principales aportaciones a la creación de la civilización de Occidente: su lengua, el latín, que dio lugar a una gran parte de las lenguas que hoy se hablan en Europa, las lenguas romances; y el derecho, el desarrollo de leyes escritas, aplicables a todos los ciudadanos del Imperio.

La Monarquía (753 - 509 a.C.)

Según cuenta la leyenda, Roma fue fundada por Rómulo y Remo, dos hermanos descendien­tes del héroe griego Eneas, que llegó a Italia huyendo de la destrucción de Troya, y de Rea Silvia, hija del rey de Alba. Para librarlos de la persecución de su tío, que pretendía arrebatarles el trono de Alba, su madre los depositó en un cesto sobre las aguas del Tíber. Así llegaron al pie de la colina del Palatino, donde una loba los libró de la muerte, amamantándolos, para ser criados posteriormente por unos pasto­res.

La leyenda atribuye a Rómulo la fun­dación de Roma. Éste, siguiendo la tradición etrusca, marcó con un arado condu­cido por un buey blanco, el surco sobre el que se asentarían las murallas de la futura ciudad. Cuando Remo se atrevió a desafiarle traspasando el surco que había trazado, Rómulo le dio muer­te.

Luperca amamantando a los gemelos Rómulo y Remo. 
Según testimonios históricos, a comienzos del siglo VIII, Italia estaba poblada por pueblos diferentes:
  • Los etruscos al norte.
  • Los italiotas (entre los que se incluían los albanos, los sabinos y los latinos) en la Italia central;
  • En el Sur los griegos se habían instalado los griegos en un territorio conocido como la Mag­na Grecia,

A los etruscos se debe la configuración de la ciudad, que en sus orígenes no sería más que una colonia de Alba. La Roma primigenia no pasaría de ser un pueblo de pastores asentado en el Palatino que a lo largo del siglo VIII a. de C. se fueron extendiendo por las siete colinas (Palatino, Capitolio, Quirinal, Aventino, Viminal, Celio y Esquilino). 


Desde sus orígenes, Roma tuvo un sistema político monárquico. Los reyes eran monarcas absolutos, por lo que además de las tareas de gobierno también ejercían las funciones de sumos sacerdotes y jueces supremos. Una asamblea compuesta por los jefes de las principales familias, el Senado, aconsejaba al rey en las principales tareas del gobierno. Los patricios formaban la asamblea de los co­micios curiados, que participaba en las tareas de gobierno, junto al rey

La actividad económica era sobre todo rural, aunque bajo la dominación etrusca también se desarrollaron el comercio (fundamental­mente con los fenicios) y la metalurgia, aprovechando los abundantes recursos metálicos (principalmente plata, hierro y cobre) de la región.

La base de la sociedad etrusca era la familia; las familias que tenían un antepasado común se reunían en gentes (tribus); cada gens podía tener a su vez clientes, es decir, personas so­metidas que prestaban servicios y obediencia a cambio de protección.

La sociedad era muy desigual, y estaba compuesta por los siguientes grupos:

  • Los patricios pertenecían a las familias más poderosas, las que tenían un linaje (gens) que nacía de los primeros pobladores de Roma. Sólo ellos tenían derechos políticos y poseían la mayor parte de las tierras. 
  • Los plebeyos, miembros de la plebe, que ca­recían de todo derecho. Eran libres pero podían convertirse en esclavos por deudas.
  • Los semilibres. Eran los clientes, que trabajaban para los patricios a cambio de sustento, y los libertos, esclavos que habían comprado su libertad o habían sido liberados.
  • Los esclavos eran el escalón más bajo de la sociedad. Se caía en la esclavitud por ser hijo de padres esclavos, por deudas o por ser prisioneros de guerra.



El último rey de Roma fue Tarquino el Soberbio. Extendió el dominio de Roma sobre toda la región del Lacio, pero su despótico gobierno originó el levantamiento de los nobles romanos que, en el año 509 a. de C. lo expulsaron y establecieron la República.

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  • ¿Por qué se considera que con Roma se asentaron las bases de la civilización occidental? ¿Cuáles fueron las dos principales aportaciones de roma? 
  • ¿Cuáles eran las principales instituciones políticas de Roma durante la monarquía? 
  • ¿Qué diferencia había entre los plebeyos y los patricios? 
  • ¿Qué actividades económicas había en Roma durante el período monárquico?

domingo, 7 de diciembre de 2014

El éxodo, ¿realidad o mito?

El mar volverá a separarse una vez más para que Moisés y su pueblo puedan escapar. Ya lo hizo en 1956, en la majestuosa película Los diez mandamientos, dirigida por Cecil B. DeMille, y ahora vuelve a suceder en Éxodo: dioses y reyes, la espectacular versión que el gran Ridley Scott ha realizado del relato bíblico. Y con motivo del estreno de esta película, nos hemos acercado a los prodigiosos hechos que allí se narran. Es cierto que no hay ninguna evidencia histórica de que aquellos sucesos ocurrieran en realidad, por lo que los historiadores los engloban en la categoría de mitos. Pero en los últimos años, algunos investigadores han apuntado que los acontecimientos milagrosos narrados en dicho relato, como las célebres diez plagas, podrían haberse producido sin necesidad de ninguna intervención sobrenatural. Y que, por ejemplo, las aguas del mar sí podrían separarse. Aunque este fenómeno no habría sucedido en el mar Rojo, como siempre hemos creído.


La historia del Éxodo es de sobra conocida. Tras décadas de sufrir la esclavitud en Egipto, los hebreos escaparon en busca de la tierra prometida guiados por Moisés, un líder judío que había sido criado por la hija del faraón. Pero la huida de aquel pueblo cautivo solo fue posible después de que diez terribles plagas enviadas por Yahvé asolaran el país de las pirámides.

Una catástrofe medioambiental
Según el relato bíblico, las aguas del Nilo se convirtieron en sangre; llovieron ranas, las langostas invadieron los campos, los piojos y las úlceras se cebaron en los cuerpos de los egipcios, el país se sumió en las tinieblas y se produjo el exterminio de todos los primogénitos. Pero, ¿sería posible que en la realidad se produjera tal cúmulo de calamidades? Augusto Mori, paleoclimatólogo de la Universidad de Heidelberg, cree que tales plagas serían fenómenos completamente naturales.

El mito asegura que Moisés y los hebreos partieron de la ciudad de Rameses, que tradicionalmente se ha identificado con la villa de Avaris, posteriormente rebautizada como Pi-Ramses. Existen evidencias de que en un momento dado dicha ciudad quedó deshabitada, y Mori está convencido de que este hecho se produjo debido a una serie de cataclismos climáticos y naturales.


Analizando las estalagmitas de algunas cuevas de la zona, ha creado un registro de los patrones del clima en tiempos pasados, lo que le ha permitido descubrir que las altas temperaturas casi secaron el Nilo y redujeron lo que era un río caudaloso a un arroyo de aguas lentas y pantanosas. “Esas condiciones son perfectas para la aparición de Oscillatoria rubescens”, explica Mori, “un alga tóxica que podría haber sido el origen de la primera de las diez calamidades bíblicas: la conversión del agua en sangre”. Y es que el efecto que provoca la presencia de dicho organismo es el de teñir el líquido de rojo.

A partir de ahí, otras de las plagas podrían haberse producido casi como un efecto en cadena. “Posiblemente, la llegada de las algas tóxicas obligó a las ranas a dejar el agua donde vivían”, prosigue Mori. “Al morir los anfibios, mosquitos, moscas y demás insectos se vieron libres de uno de sus depredadores, y se multiplicaron sin control, lo que dio lugar a la segunda, tercera y cuarta plagas.” La multiplicación de los insectos podría ser la causa, a su vez, de la quinta y sexta: las epidemias que exterminaron el ganado, y las úlceras incurables y los parásitos que afectaron a la población. “Por supuesto”, aclara el investigador de Heilderberg, “solo afirmo que en ese contexto creado por la desecación del Nilo esos acontecimientos catastróficos pudieron suceder”.


Para encontrar una explicación probable a las siguientes maldiciones (una atroz lluvia de granizo, la invasión de las langostas y el reinado de la tinieblas), hay que viajar a más de cuatrocientos kilómetros de Egipto. Concretamente, a la isla de Santorini, en el mar Egeo. Allí, en un período comprendido entre 1600 y 1500 a. C., se produjo una colosal erupción volcánica que, según las estimaciones, puede que fuera hasta cuatro veces más potente que la del Krakatoa.

En el Instituto de Física Atmosférica de Alemania han realizado simulaciones por ordenador que indican que la nube de cenizas provocada por la erupción habría llegado hasta Egipto donde, al mezclarse con algún frente tormentoso, podría haber provocado torrenciales lluvias de granizo y bloqueado el paso de la luz solar. Además, según los investigadores alemanes, ese contexto de altas precipitaciones y elevada humedad sobrevenido por la nube de cenizas habría sido un caldo de cultivo idóneo para la aparición de las langostas.


Más complicado resulta encontrar una explicación verosímil a la última de las plagas, precisamente la más terrible de todas: la muerte de todos los primogénitos de Egipto. Aunque Wener Kloas, biólogo del Leibniz-Institute of Freshwater Ecology and Inland Fisheries de Alemania, propone como hipotética causa algún hongo tóxico originado por esa concatenación de cataclismos medioambientales, y que hubiera envenenado el trigo. “Los primogénitos de las familias nobles de Egipto gozaban de varios privilegios; entre ellos, el de comer en primer lugar. De suceder algo así, ellos tendrían más riesgo de intoxicarse”, explica.

Vientos de 100 km/h que pudieron separar las aguas
Pero el episodio más célebre del Éxodo es, sin duda, la apertura de las aguas del mar Rojo, que se separaron milagrosamente para dejar cruzar a Moisés y los hebreos y, luego, volvieron a cerrarse y ahogaron al ejército egipcio que les perseguía. Un estudio realizado en 2010 por Carl Drews, director del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de la Universidad de Colorado, revela que un fenómeno así es perfectamente posible si se dan determinadas condiciones. Aunque no habría ocurrido en el mar Rojo, tal y como cuenta el relato bíblico, sino mucho más al norte, en la desembocadura del delta del Nilo.



En el noroeste de Egipto, lindando con el mar Mediterráneo, se encuentra el lago Manzala. Drews y su equipo han demostrado mediante simulaciones por ordenador que en dicho lugar vientos huracanados de unos 100 kilómetros por hora podrían hacer que las aguas retrocediesen y dejasen abierta una franja de tierra de unos cinco kilómetros de ancho y otros trece de largo, que permanecería así durante unas cuatro o cinco horas, antes de que las aguas volvieran a anegarlo todo. “Por supuesto, esto solo prueba que el fenómeno de la separación de las aguas es posible según las leyes de la física”, explica Drews. Aunque el propio investigador reconoce que habría sido muy complicado para miles de personas avanzar por aquel lugar teniendo en contra un viento huracanado de 100 km/h.

Y es que ninguna de las hipótesis expuestas aquí pretende demostrar que la historia de Moisés sea cierta. De hecho, los historiadores no tienen ningún indicio de que haya sucedido. Tal y como explica el prestigioso arqueólogo Israel Finkesltein: “Según la Biblia, los descendientes de Jacob permanecieron 430 años en Egipto antes de iniciar el éxodo. Los textos sagrados afirman que 600.000 hebreos cruzaron el mar Rojo y que erraron durante cuarenta años por el desierto. Sin embargo, los archivos egipcios, que consignaban todos los acontecimientos administrativos, no conservaron ningún dato de una presencia judía durante más de cuatro siglos en su territorio. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en sus cuatro décadas de peregrinación”.


Por eso, el paleoclimatólogo Augusto Mori, autor de uno de los estudios mencionados, asegura: “No trato de dar validez al relato bíblico, ni mucho menos. Solamente pretendo demostrar que las célebres plagas podrían haber sido sucesos completamente naturales, sin raíz paranormal ni divina. Por eso, pudieron haber ocurrido. Y si realmente fue así, seguramente se convirtieron en las fuentes que sirvieron de inspiración para crear la leyenda que conocemos sobre Moisés y el Éxodo”.