domingo, 14 de diciembre de 2014

De la República al Imperio

La república romana 
La República como forma de gobierno se man­tuvo en Roma durante medio milenio, desde finales del siglo VI hasta el siglo I a. de C. Du­rante este periodo Roma se extendió primero por toda Italia y después por el Mediterráneo. Al mismo tiempo consolidó sus estructuras so­ciales y económicas más significativas: el paso de una sociedad rural a una sociedad funda­mentalmente urbana, la creación de normas de derecho aplicables a todos los ciudadanos y el desarrollo de una cultura que se extendería por todo el Occidente. 

La República romana se ha definido como “aristocrática”. Esto es así porque sólo un grupo social minoritario, los patricios, tenían acceso al gobierno. Las principales instituciones republicanas eran: 

Las magistraturas. Al desaparecer la monarquía, el poder del rey quedó repartido entre una serie de cargos públicos, los magistrados. Las principales características de las magistraturas eran las siguientes:
  • Gratuidad. No se cobraba por ejercerlas y se desempeñaban a título honorífico.
  • Progresividad. Para llegar a ser cónsul, cargo de poder máximo, había que desempeñar antes las magistraturas inferiores. La carrera política se denominaba cursus honorum
  • Colegialidad: eran desempeñadas a la vez por al menos dos titulares (colegas).
  • Anualidad: La mayoría de las magistraturas duraban un año.
  • Potestas e imperium: Todos los magistrados tenían una serie de poderes, la potestas. Los magistrados más importantes (cónsules, pretores y dictadores) ostentaban también el imperium, derecho de vida y muerte sobre las personas y supremo poder militar. Los magistrados cum imperio iban acompañados por los lictores, escolta personal, que portaban los fasces (haces de varas con un hacha en medio). 

El senado. Era el órgano político con más poder después de los cónsules. Al principio el número de senadores era de 300. Sus atribuciones eran muy amplias: asesoran a los magistrados y ratifican las decisiones del pueblo; controlan el erario público, la política exterior y los asuntos judiciales que tienen que ver con Italia. También decidían sobre la paz y la guerra.
Recreación del Senado de la república romana en un cuadro del siglo XIX
que representa a Cicerón 
Las asambleas populares o comicios, reuniones de los ciudadanos para decidir determinados asuntos. Aprobaban las leyes y elegían a los magistrados. 



Desde los principios de la república, los plebeyos quedaron excluidos del senado o las magistraturas. Eso les llevó a luchar para obtener derechos iguales a los de los patricios. La amenaza por parte de los plebeyos de abandonar la ciudad de Roma llevó al senado a concederles unos magistrados especiales, los tribunos de la plebe, encargados de defender los derechos de los plebeyos. Posteriormente conseguirían que se les autorizase a desempeñar cargos públicos o que se permitiera el matrimonio entre plebeyos y patricios. A medida que la república romana extendía sus territorios, y aumentaba su poder, algunos plebeyos fueron enriqueciéndose y llegaron a compartir el poder con los patricios. Estos plebeyos eran denominados equites o “caballeros”.

La conquista de Italia.  
Después de haber superado sus conflictos in­ternos, Roma pudo emprender la conquista de toda Italia. Este proceso tuvo tres fases principales. 
  • Desde los tiempos de la monarquía, Roma había establecido una alianza con otras ciudades del Lacio, la Liga Latina. El aumento del poder de Roma la elevó a una posición hegemónica entre las ciudades que conformaban la alianza, que trataron de librarse de su dominio. El resultado fue la Guerra Latina (343-338 a. C.) de la que Roma salió como vencedora. A partir de ese momento las ciudades latinas fueron convertidas en municipiae y pasaron a estar controladas por Roma. 
La conquista de la península Italiana por parte de Roma
  • Tras conseguir dominar el Lacio, los siguientes 50 años Roma libró tres guerras contra los samnitas, un pueblo de rudos y guerreros montañeses instalados al sur de Roma. A pesar de la grave derrota sufrida en la batalla de las Horcas Caudinas (321 a. de C.), tras la que el derrotado ejército romano fue humillado a pasar bajo el yugo de las lanzas samnitas, el enfrentamiento terminó con la victoria de Roma en el 290 a.C. 
El episodio de las Horcas Caudinas por Charles Gleyre
  • Vencidos los samnitas, Roma continuó su avance hacia el sur, que culminó con la conquista de la Magna Grecia, colonia grie­ga en el sur de la península. con lo que Roma dominaba ya toda Italia (264 a. de C.). 

La conquista del Mediterráneo occidental 
Terminada la conquista de la península, Roma inicia su expansión por el Mediterráneo, cuyo primer episodio fueron las tres guerras púnicas que los romanos mantuvieron con los cartagineses.
  • La Primera Guerra Púnica (264-241 a. de C.) permitió a Roma apoderarse de Sicilia (260) y de Córcega y Cerdeña (241).
Las Guerras Púnicas según el videojuego de "Imperium"
  • La Segunda Guerra Púnica (218-201 a. de C.) fue motivada por el ataque del general carta­ginés Aníbal a Sagunto, ciudad de la península ibérica aliada de Roma. Aníbal avanzó contra Roma con un ejército de 40.000 hombres y una comitiva de elefantes, cruzó los Alpes y derro­tó a los romanos en Cannas (216). Tras estas derrotas, Roma se recuperó y logró derrotar a As­drúbal, hermano de Aníbal, en el río Metauro (207) cuando acudía con refuerzos. Poste­riormente, Escipión el Africano expulsó a los cartagineses de la península ibérica y los ven­ció en África, en la batalla de Zama (202). De este modo los romanos iniciaron la conquista de la península ibérica, que pasó a formar par­te del Imperio con el nombre de Hispania. 
La batalla de Cannas, extracto del documental "Annibal,
el peor enemigo de Roma". 

Principales batallas de la Segunda Guerra Púnica
  • La Tercera Guerra Púnica (149-146 a. de C.) se inició con el ataque de los cartagineses a Masinisa, rey de Numidia y aliado de Roma. Cartago fue asediada y destruida por Escipión Emiliano el año 146 a. de C., convirtiéndose en provincia romana de África. 

La conquista del Mediterráneo oriental 
En el transcurso del siglo II a. de C. Roma completaría su dominio sobre el Mediterráneo. 

La alianza entre Filipo V de Macedonia y Aní­bal, durante la Segunda Guerra Púnica, sirvió a Roma como pretexto para atacar a los ma­cedonios, que fueron derrotados en Cinoscé­falos (197) y Pidna (168), con lo que Mace­donia se convirtió en provincia romana. Gre­cia, bajo el poder de Macedonia, fue incor­porada a Roma en el año 146. En el año 133, Atalo III, rey de Pérgamo, legó su reino a Roma, para terminar con una falsa indepen­dencia, convirtiéndose en provincia asiática del Imperio. En el año 123, Roma conquistó las Baleares y en el 122, la Galia Cisalpina y la Galia meridional.


A comienzos del siglo I a. de C., el Mediterrá­neo era un mar romano (Mare Nostrum) y aunque se produje­ron algunas rebeliones en las provincias, no triunfaron. Esto proporcionó a Roma el control de una inmensa riqueza que explotaba en su beneficio, como tierras de cultivos y minas de oro, plata y otros metales, así como el incremento del número de esclavos para explotar esas minas y tierras gracias a las guerras y a las conquistas. Roma también recibía cuantiosos tributos que debían pagar las ciudades y provincias conquistadas. Todo esto trajo consigo el aumento de poder de los generales victoriosos, que acumularon no sólo gran influencia, sino grandes riquezas debidas al saqueo y a la corrupción.

La crisis de la república 
Roma creció y se enriqueció con las conquis­tas, los botines de guerra y los tributos que de­bían pagar las provincias y las ciudades aliadas. Pero las instituciones republicanas, creadas para administrar una ciudad de reducida extensión, eran poco aptas para controlar un territorio tan extenso como el que dominaba Roma. Sólo los habitantes de Roma y de algunas ciu­dades aliadas gozaban del derecho de ciudadanía. Además, la distribución de la riqueza y de los derechos políticos no se realizó de forma equi­tativa, lo que originó importantes movimientos de protesta. 

Por otra parte, los patricios y los ple­beyos ricos eran los únicos que tenían acceso a las magistraturas, a los cargos públicos de go­bierno. El conjunto del pueblo romano sólo te­nía derecho a reunirse en asambleas o comi­cios, convocados por un magistrado. Esta si­tuación originó protestas y levantamientos de los plebeyos 

Al mismo tiempo la esclavitud fue aumentan­do, a causa de la mayor riqueza de los ciudadanos y del Estado, y se produjeron importan­tes revueltas de esclavos, como la Espartaco (73-71 a. de C.), que fueron dura­mente reprimidas. 

Conquistas de Pompeyo (azul) y Julio César (amarillo)
La situación de descontento y falta de control político favoreció la forma­ción, en el año 60 a. de C., de un primer triun­virato, un gobierno formado por tres generales: Pompeyo, Craso y César, sin el apoyo del Senado. El triunvirato duró poco. Craso murió (53 a. de C.) en la guerra de Siria, mientras César lle­vaba a cabo la campaña de la Galia, situación que aprovechó Pompeyo para nombrarse cón­sul único. Julio César reunió sus ejércitos y avanzó hacia Roma dispuesto a enfrentarse con Pompeyo: el 10 de enero del año 49 a. de C. cruzó el Rubicón, el río que servía de frontera entre Roma y la Galia, en un gesto que significaba una declaración de guerra. Pompeyo huyó a Egipto donde murió asesinado. 

Cesar ocupó Roma y asumió la dictadura per­petra comportándose como un auténtico monarca hasta que fue asesinado por un grupo de senadores, unidos en torno a Marco Junio Bruto y Cayo Casio, el 15 de marzo del 44 a. de C. 

Muerte de César (1798) por Vincenzo Camuccini. Julio César recibió más de
20 puñaladas ya que todos los conspiradores debían mancharse las manos
con su sangre, pero sólo una sería mortal: la que le asestó su hijo adoptivo
Bruto en la espalda y que le atravesó el corazón. 
Tras su muerte se formó el segundo triunvira­to, integrado por Marco Antonio, Octavio y Lépido, en el año 43. Tras vencer a los repu­blicanos (Bruto y Casio) en la batalla de Fili­pos (43 a. de C.) se dispusieron a aplicar la política dictatorial de César, pero Lépido abandonó las tareas de gobierno en el año 36 a. de C. y Octavio venció a Marco Antonio y a Cleopatra, su aliada y reina de Egipto, en la batalla de Actium (31 a. de C.). Egipto se convirtió en provincia romana y Octavio, so­brino e hijo adoptivo de Julio César, pasó a gobernar Roma con el apoyo del Senado, bajo el nombre de Augusto y con el título de Emperador, dando así comienzo una nueva etapa en la historia de Roma: el Imperio.

La Pax romana. 
En el año 27 a. de C. Octavio se convirtió en el primer emperador de Roma, con el nombre de Augusto. Augusto se hizo nombrar prínci­pe, reuniendo en su persona todos los poderes:
  • el imperium consular o jefatura suprema del ejército;
  • el poder tribunicio, o derecho a presidir el Senado y ejercer el veto
  • el pontificado o dirección de la religión ofi­cial romana.
La tarea más importante de Augusto fue lograr la paz en todo el Imperio, para lo cual reorganizó algunas provincias (como Galia o His­pania), reforzó las fronteras de otras, para evi­tar el acoso de los pueblos bárbaros (fronteras del Danubio) e hizo la paz con los partos. La misma tarea pacificadora se aplicó a Italia, con medidas como la represión del bandolerismo y la aplicación de una ley igualitaria de tributos. De este modo, Augusto consiguió una paz que se prolongaría casi ininterrumpidamente du­rante dos siglos (la pax romana) y un desarro­llo cultural extraordinario.

El emperador Augusto
Durante los dos siglos que siguieron al reinado de Augusto (siglos I y II de nuestra era) el Imperio romano vivió su mayor esplendor, tanto desde el punto de vista económico como cultural. La larga paz de que disfrutó el Imperio contribuyó en gran medida a ello: se podía viajar sin ningún problema de un extremo a otro del Imperio, desde Egipto hasta Britania, el comercio no hallaba obstáculos, se multipli­caron las obras públicas y en las provincias se desarrollaron ciudades florecientes a imagen de Roma. Las provincias, sobre todo, se beneficiaron de la llegada al poder de empera­dores nacidos en ellas, como Nerva, Trajano y Adriano, de Hispania, o Antonino, de Galia. 

Detalle del Ara Pacis Augustae, altar construido por el Senado como
agradecimiento a Augusto por sus victorias en la Galia e Hispania y
la consecuente paz que trajo con ellas. 
El mandato de Marco Aurelio (161-180) sig­nificó el final de la paz. En el 167 varias tribus bárbaras cruzaron las fronteras del Rin y del Danubio, empujadas por una oleada de pue­blos godos de la Europa central, atravesaron los Alpes e invadieron la península italiana. Marco Aurelio rompió el principio de adop­ción: en vez de adoptar como hijo a aquél que considerase más idóneo para gobernar el Imperio, nombro heredero en su hijo Cómodo (180-192), quien además ejerció el poder de forma despótica, provocando la rebelión del 192 y la toma del poder por el ejército, que a partir de ese momento se encargó de nombrar y derrocar a los emperadores.
________________________________
  • ¿Quiénes eran los “equites”? ¿Qué privilegios concedía el ostentar el poder del “imperium”? 
  • ¿Cómo consiguieron los plebeyos que se instaurara la magistratura del Tribuno de la Plebe?
  • Describe las principales instituciones republicanas. 
  • Según el documental sobre la batalla de Cannas, ¿cuántas bajas sufrió el ejército romano? ¿En qué batalla se produjo la derrota definitiva de Aníbal? 
  • ¿Cuál fue la principal causa de las Guerras Latinas? ¿Cómo cayó Grecia bajo el control de Roma?
  • Según el documental sobre las Guerras Púnicas, ¿cuál fue la primera ciudad de Hispania que conquistó Amilcar Barca? ¿qué general romano y en qué año tomó esta ciudad durante la segunda guerra púnica?
  • ¿Cuáles fueron las consecuencias de la creación de un gran Imperio en torno al Mare Nostrum?
  • ¿Qué fueron los triunviratos? ¿Quiénes los integraron?
  • ¿Por qué algunos senadores conspiraron contra Julio César? 
  • ¿A qué se denomina pax romana

No hay comentarios:

Publicar un comentario